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lunes, 10 de diciembre de 2018

Los olores tienen un componente emocional: Descubre por qué nos gusta el olor que deja la lluvia


Olores, olores y más olores… ¿Te has parado a pensar alguna vez en la cantidad de olores que olemos a diario? Piensa a qué huele tu olor favorito o cómo huele ese olor que te desagrada tanto. ¿Sabías que los olores tienen un componente emocional?

 El olor que sabe a la comida de tu madre, el olor que te recuerda a tu infancia, el olor que te traslada a aquellos momentos que nunca olvidarás, el olor de esa persona a la que tanto quieres, el olor a café y tostadas de buena mañana, el famoso olor de los hospitales,…

Hablando de olores, uno de los pequeños placeres de la mayoría de las personas es el olor que dejan las lluvias y las tormentas. Ese olor que muchos llamamos “olor a tierra mojada”. Mairena Vázquez, psicóloga te explica cómo influyen los olores en nuestro cerebro y por qué nos gusta tanto el olor de la lluvia.

El olfato, el sentido más emocional
¿Cómo influyen los olores en nuestro cerebro?

Ya lo dijo el gran Francisco de Quevedo cuando escribió “Érase un hombre a una nariz pegado”.

De una manera u otra, estamos rodeados de olores. Los olores de las casas que nos devuelven al pasado, el olor del trabajo que a veces te gusta y a veces te desagrada, el olor que se cruza en tu camino que te recuerda a aquella persona que tanto quisiste, etc…

Si algo tienen los olores es que nos generan emociones, nos incitan a la huida, nos hacen que tomemos decisiones, nos alertan, nos emocionan, nos reviven. A veces los olores pueden incluso ser decisivos para nuestros sentimientos y recuerdos.

En muchas ocasiones el sentido del olfato pasa desapercibido y no le damos la importancia que merece. Muchas veces solo valoramos lo que tenemos, cuando lo perdemos.

El ser humano recuerda hasta el 35% de lo que huele, frente al 5% de lo que ve. En la apreciación de los olores influye el ambiente en el que cada persona desarrolle su vida así como los aspectos emocionales que se asocien con cada olor.


La reacción de nuestro cerebro cuando olemos pizza.
El olfato (todos los olores) afecta de un modo directo a nuestro estado de ánimo, nuestras emociones y a nuestros recuerdos. Cuando olemos algo que resulta de nuestro agrado, nuestro cuerpo se encarga de liberar endorfinas.

Las endorfinas son conocidas como las “hormonas de la felicidad”. Son unas sustancias que produce nuestro cuerpo que nos producen bienestar, reducen el dolor, fortalecen el sistema inmune, generan sensación de placer, regulan el apetito y promueven la liberación de las hormonas sexuales.

Gracias a la Neuropsicología y a las neurociencias y a recientes investigaciones podemos saber cómo nos influyen los olores desde una base científica. A modo resumen:

Cuando notamos un olor determinado, este olor pasa al bulbo olfatorio, estructura que se encuentra en el interior de las fosas nasales y procesa la información.

El bulbo olfatorio manda la información al sistema límbico.

El sistema límbico es la parte del cerebro especializada en gestionar el aprendizaje, las emociones y la memoria.

Dentro del sistema límbico se encuentra la amígdala que es el centro principal de procesamiento de las emociones, se encarga de unir el olor con una emoción y el hipocampo que une el olor con un recuerdo.

No todos los olores son iguales y esto influye a la hora de relacionar las emociones con los olores. La felicidad o la ansiedad suelen ser más fáciles de asociar con olores que por ejemplo la tristeza o la rabia o enfado.

Nuestro cerebro es sabio al mismo tiempo que complejo. Los órganos de los sentidos nos lo demuestran… 

¿De dónde proviene el olor a “tierra mojada”?

Se avecina tormenta, llueve, huele a “tierra mojada”.  La vida está formada por pequeños placeres, comidas, olores, sabores, momentos que nos gustan,… y uno de los pequeños placeres de la mayoría de las personas por excelencia es el olor que dejan la lluvia y las tormentas.

El olor a “tierra mojada” se denomina petricor.


El olor que deja la lluvia se conoce como petricor.
De manera errónea, muchas personas asocian el olor de la lluvia al olor del ozono. Error, ya que este olor se denomina “petricor” y proviene de una sustancia conocida como “geosmina”. Entre los beneficios de esta bacteria (Streptomyces coelicolor) encontramos que de ella se obtienen fungicidas, fármacos inmunodepresores e incluso antibióticos.
El olor de la lluvia se produce de manera más intensa si se produce en zonas secas, donde no ha llovido desde hace algún tiempo ya que es en estas zonas donde más sustancias volátiles se han acumulado. La naturaleza de una forma o de otra nos afecta

¿Por qué nos gusta tanto el olor que deja la lluvia?

El olfato afecta en nuestras percepciones y nos influye de manera positiva (o negativa en caso de tratarse de un olor desagradable).

Cuando decimos que “olemos la lluvia” en realidad no nos referimos a que olemos el agua, sino a que olemos las fragancias de la tierra que gracias a la lluvia pasan al aire.


Por qué nos gusta tanto el olor que deja la lluvia
Según diversos estudios, se coincide en la idea de que nos gusta el olor que deja la lluvia porque lo asociamos a sensaciones positivas. Nos acerca a la naturaleza y nos aporta armonía. Quizás sea uno de nuestros olores favoritos (un pequeño placer de la vida) por la sensación de tranquilidad, paz y armonía que nos deja cuando lo olemos.
Parece ser que el olor que deja la lluvia nos transporta al pasado. Según los antropólogos, nuestros antepasados celebraban los días lluviosos porque les garantizaba su supervivencia y por eso disfrutamos tanto con ese olor.

Beneficios psicológicos de la lluvia

1. La lluvia nos mantiene felices.
Seguro que muchos ahora mismo pensáis que no, que me equivoco, que cuando llueve os ponéis melancólicos y más tristes. El refrán de “después de la tormenta, siempre viene la calma” podemos aplicarlo en todos los sentidos. Una vez pasada la tormenta, nos sentimos más animados y más relajados.

2. La lluvia es beneficiosa para nuestra salud.
Después de llover o de una tormenta, el ambiente se descongestiona y se regula la temperatura haciendo que el aire tenga una mejor calidad lo que hace que tengamos menos tensiones, menos dolores de cabeza y nos sintamos menos cansados.

 Y a ti, ¿te gusta el olor que deja la lluvia? ¿Cual es tu olor favorito? ¿Cual es el olor que más te desagrada?

cognifit.com

viernes, 30 de enero de 2015

LA EVOCACIÓN DE LOS RECUERDO


NEUROLOGÍA
CIENTIFICOS LOGRAN PROVOCAR LA EVOCACION DE RECUERDOS ESPECIFICOS


Los humanos tenemos muchos recuerdos de nuestro pasado. Algunos son tan importantes y vívidos que, como la magdalena de Proust, desatan todas las sensaciones que experimentamos en ese momento. Los neurocientíficos llaman a estos recuerdos engramas. 

Hasta ahora se creía que estos engramas eran meros entes conceptuales y que no necesariamente tenían que tener un reflejo físico en nuestra estructura neuronal. En un estudio del MIT se ha demostrado que esos recuerdos realmente residen en células específicas del cerebro.

Para demostrar este punto los investigadores implicados se han valido de una nueva técnica basada en la optogenética. Esta técnica permite estimular neuronas específicas que previamente han sido modificadas genéticamente para expresar proteínas sensibles a la luz.

En este estudio pudieron ver que una activación mediante luz de específicas pequeñas subpoblaciones de neuronas puede generar comportamientos de alto nivel cognitivo, como por ejemplo la expresión de recuerdos específicos.

Todo empezó cuando hace años el neurocirujano Wilder Penfield observó de manera accidental que se podían activar recuerdos de manera física. Este médico trataba a pacientes con epilepsia grave que querían dejar de tener ataques. En la epilepsia un pequeño grupo de neuronas puede ser el origen de esos ataques, así que este cirujano arreglaba el problema eliminando esa región productora de ataques. Lo malo es que no es fácil saber qué región es. Para asegurarse de que sólo destruía esa parte de cerebro, estimulaba con pequeñas descargas ciertas regiones del cerebro mientras que los pacientes estaban bajo los efectos de una anestesia local (y el cráneo abierto). Los pacientes informaban de las sensaciones que tenían en cada estimulación. Al parecer experimentaban evocaciones vívidas cuando Penfield estimulaba sólo unas pocas neuronas del hipocampo. El hipocampo es una región esencial el la formación y evocación de recuerdos episódicos.

Aunque los científicos han estado explorando este fenómeno desde entonces, hasta ahora no se había demostrado directamente que la activación directa del hipocampo fuera suficiente para provocar evocaciones.
Susumu Tonegawa, Xu Liu y otros investigadores del MIT pensaron que se podía utilizar la optogenética para estudiar el fenómeno. La idea era demostrar la hipótesis de la codificación y almacenamiento de la memoria a través de un experimento con un modelo animal (ratones) que simulara las condiciones de Penfield y activarían los recuerdos de manera artificial.

Primero identificaron un conjunto específico de células nerviosas en el hipocampo que estaban activas sólo cuando el ratón realizaba un aprendizaje sobre un nuevo ambiente. Determinaron qué genes estaban activados en esas células y le acoplaron el gen foráneo ChR2, gen que expresa una proteína activada por la luz y usada en optogenética. Esto permitía marcar la red neuronal física asociada con un engrama específico para una experiencia específica.

Luego a estos ratones modificados les acoplaron unas fibras ópticas para así llevar pulsos de luz hasta una región específica del hipocampo. Esto permitía excitar con luz las neuronas con el gen ChR2. La clave estaba en que la proteína activada por la luz sólo se expresaba en las neuronas que estaban involucradas en el aprendizaje experimental de los ratones.

El ratón entraba en un ambiente específico y después de unos minutos de exploración recibía una descarga eléctrica en sus patas, con lo que asociaba ese ambiente con una mala experiencia y aprendía que ese ambiente le producía un daño. Si se volviera a meter al ratón en ese ambiente experimentaría miedo debido al recuerdo de su experiencia pasada con la descarga eléctrica. Incluso la sólo evocación de la experiencia debería de producir la misma reacción.

Pero en lugar de eso, los investigadores introdujeron pulsos de luz a través de las fibras ópticas mientras los ratones estaban tan tranquilos en un ambiente totalmente diferente. Entonces se activarían las neuronas etiquetadas con ChR2 produciendo la evocación de los recuerdos asociados con el primer ambiente. Observaron que el envío de luz provocaba que los ratones se pusieran a la defensiva guiados por el miedo.

Este montaje experimental no es más que un manera imaginativa de demostrar que los ratones recordaban su experiencia de ser electrocutados sin necesidad de que lo cuenten (hasta ahora no se han encontrado ratones que hablen). Los ratones experimentaban una evocación de un mal recuerdo y actuaban en consecuencia. Un recuerdo evocado a voluntad por los investigadores activando células específicas de su cerebro, aquellas en las que residía ese recuerdo.

Tonegawa afirma que, al contrario de lo que creía Descartes, este tipo de experimento demuestra que la mente puede ser estudiada por la ciencia y que fenómenos como la evocación de un recuerdo están basados en cambios de la materia.

Además del valor filosófico y de un mejor conocimiento de nuestra propia mente y de la esencia del ser humano, el resultado puede tener aplicaciones prácticas en el estudio de desórdenes neurodegenerativos y psiquiátricos.
Así que, amigo lector, ya sabe. Ese recuerdo de su infancia con su familia, su primer beso o el nacimiento de su hijo residen cada uno de ellos en un pequeño grupo de neuronas, nada más y nada menos.


Fuente: MIT

jueves, 22 de enero de 2015

EL OLOR Y EL DOLOR ESTAN RELACIONADOS


Un equipo de científicos europeos liderados por el científico alemán Trese Leinders-Zufall ha establecido por primera vez un vínculo entre el sentido del olfato y el dolor: las personas con una mutación en el gen SCN9A, que incapacita para sentir dolor, tampoco pueden oler. Los resultados de esta investigación permitirán conocer mejor los factores genéticos asociados con la percepción olfativa.

Por el momento se desconoce la razón de esta relación entre el dolor y el olfato.  Sin embargo, los investigadores han determinado que la ausencia del canal de sodio Nav 1.7 no afecta al potencial olfativo de las neuronas responsables de detectar del olor, sino que impide la transmisión de la información a los circuitos neuronales y, por tanto, no llega al cerebro. “Se trata de un problema de señalización. Las neuronas sensoriales olfativas detectan el olor, producen la señal eléctrica y son capaces de propagarla a lo largo del sistema nervioso hasta un determinado punto en el que se detienen y no logran ir más allá, fracasando en iniciar la señal sináptica”, explica Zufall, que ha dado a conocer sus conclusiones en la revista Nature.

Los investigadores no descartan que el mismo canal de sodio intervenga en algún otro de los cinco sentidos. "No tenemos una explicación de la conexión entre dolor y olor, pero podría ser que éste fuera un canal importante para múltiples sistemas sensoriales", indica el investigador. En este caso, añade, "los sujetos estudiados eran capaces de ver y escuchar, pero no se investigó el tacto o el gusto".

Los resultados de la investigación, que serán reproducidos en una muestra mayor, ayudarán a comprender los factores genéticos implicados en la percepción olfativa, y también en la ausencia de ésta. Aunque existe una larga lista de genes relacionados con la ceguera o la sordera, hasta ahora no existía conocimiento de ninguno que pudiese explicar la anosmia congénita. El descubrimiento de este gen podría conducir a terapias génicas para reactivar el sentido olfativo en las personas afectadas.

"El sentido del olfato es muy importante y cumple una función de supervivencia, cuando somos capaces de detectar peligros como fuegos, o, en el caso del mundo animal, donde se utiliza para poder oler a otros depredadores", subraya Zufall. Desde el punto de vista humano "permite enriquecer la experimentación de sensaciones en cuestiones como la comida. Aunque seamos capaces de comer sin oler, el olfato nos ayuda a mejorar nuestra experiencia y el placer que sentimos", concluye el científico alemán.

domingo, 21 de diciembre de 2014

EL OLOR Y EL DOLOR ESTAN RELACIONADOS


Un equipo de científicos europeos liderados por el científico alemán Trese Leinders-Zufall ha establecido por primera vez un vínculo entre el sentido del olfato y el dolor: las personas con una mutación en el gen SCN9A, que incapacita para sentir dolor, tampoco pueden oler. Los resultados de esta investigación permitirán conocer mejor los factores genéticos asociados con la percepción olfativa.

Por el momento se desconoce la razón de esta relación entre el dolor y el olfato.  Sin embargo, los investigadores han determinado que la ausencia del canal de sodio
 Nav 1.7 no afecta al potencial olfativo de las neuronas responsables de detectar del olor, sino que impide la transmisión de la información a los circuitos neuronales y, por tanto, no llega al cerebro. “Se trata de un problema de señalización. Las neuronas sensoriales olfativas detectan el olor, producen la señal eléctrica y son capaces de propagarla a lo largo del sistema nervioso hasta un determinado punto en el que se detienen y no logran ir más allá, fracasando en iniciar la señal sináptica”, explica Zufall, que ha dado a conocer sus conclusiones en la revista Nature.

Los investigadores
 no descartan que el mismo canal de sodio intervenga en algún otro de los cinco sentidos. "No tenemos una explicación de la conexión entre dolor y olor, pero podría ser que éste fuera un canal importante para múltiples sistemas sensoriales", indica el investigador. En este caso, añade, "los sujetos estudiados eran capaces de ver y escuchar, pero no se investigó el tacto o el gusto".

Los resultados de la investigación, que serán reproducidos en una muestra mayor, ayudarán a comprender los factores genéticos implicados en la percepción olfativa, y también en la ausencia de ésta. Aunque existe una larga lista de genes relacionados con la ceguera o la sordera,
 hasta ahora no existía conocimiento de ninguno que pudiese explicar la anosmia congénita. El descubrimiento de este gen podría conducir a terapias génicas para reactivar el sentido olfativo en las personas afectadas.

"El sentido del olfato es muy importante y cumple una función de supervivencia, cuando somos capaces de detectar peligros como fuegos, o, en el caso del mundo animal, donde se utiliza para poder oler a otros depredadores", subraya Zufall. Desde el punto de vista humano "permite enriquecer la experimentación de sensaciones en cuestiones como la comida. Aunque seamos capaces de comer sin oler, el olfato nos ayuda a mejorar nuestra experiencia y el placer que sentimos", concluye el científico alemán.

EL OLFATO NUNCA DESCANSA





Los olores que percibe nuestra nariz mientras dormimos condicionan el contenido de nuestros sueños, según revela un nuevo estudio alemán presentado ayer durante el Encuentro Anual de la Academia Americana de Otorrinolaringología ( http://www.entnet.org/),   en Chicago. Para llegar a esta conclusión, Boris A. Stuck y su equipo realizaron un experimento en el que exponían a una serie de sujetos a olores agradables (rosas) y desagradables (huevos podridos) mientras dormían. Cuando despertaron, los sujetos afirmaban haber tenido sueños placenteros en el primer caso, mientras que las vivencias eran negativas cuando dormían con el molesto tufo.

Stuck asegura que los resultados podrían servir de arranque para desarrollar terapias nocturnas aromáticas que potencien nuestro descanso.

EL PODER DE LOS OLORES


Sabia Ud. que a partir del 7º mes de embarazo, un bebe puede disfrutar de los olores que transmite el líquido amniótico?

El órgano que le permite percibir esos olores intra líquidos se ubica en su nariz y desaparece cuando nace el niño. No obstante, su cerebro los guarda en memoria. Así, a partir de su nacimiento, bebe ya tiene algunas preferencias!

Muy rápidamente es capaz de utilizar su sentido del olfato ya que es capaz de reconocer el olor de su madre.

A menos de 12 horas de vida, un bebe es capaz  de expresar el rechazo de olores desagradables, y también es capaz de reaccionar con satisfacción cuando se trata de olores agradables tales como el de su madre.

Nuestra memoria olfativa descodifica los olores e influencia nuestros comportamientos. El olfato juega un papel preponderante en el análisis de nuestro entorno. Así, hay olores que nos llevan y nos atraen, mientras que hay otros que nos son repulsivos y nos provocan disgusto.

Los olores son mensajes que no toman el camino del cortex cerebral y que van a influenciarnos sin que, muchas veces, tengamos conciencia de ello y sin que, menos aún, hayamos podido identificarlos.